La selección paraguaya ha visto en los últimos años cómo el respeto internacional iba creciendo a su alrededor, debido a su extremada capacidad de competición. Quizá no fuera extraordinariamente talentosa, pero costaba Dios y ayuda ganarles e incluso marcarles un gol. Que nos lo digan a nosotros, que aún recordamos el desastre del 98, cuando la España de Clemente fue incapaz de mover el marcador inicial tras haber perdido contra Nigeria. Ahí se acabaron las posibilidades de España de superar la primera fase de aquel Mundial.
Finalmente, Paraguay llegó a los octavos de final y se midió ante Francia. Los futuros campeones sudaron tinta para eliminar a la selección sudamericana y sólo lo consiguieron con un gol de Laurent Blanc en la prórroga. La historia se repetiría en Corea y Japón cuatro años después, aunque ésta vez sería Alemania –futura subcampeona- la que apeó de cuartos de final a la selección entonces dirigida por Cesare Maldini. Pero el único gol del partido lo marcó Neuville en el minuto 88.
Esta vez, el combinado liderado por el técnico uruguayo Aníbal “El Maño” Ruiz deberá hacer frente a un reto, si cabe, superior al de anteriores ediciones. Si quiere superar la primera fase, deberá superar a Inglaterra (empresa casi imposible) o a la Suecia de Ibrahimovic. Para ello, debe mantener su nivel de garra, ya que en calidad la selección paraguaya ha crecido. Sobre todo en ataque, donde Santa Cruz –si se recupera de su lesión- y Valdez pueden formar un ataque temible. La lucha la garantiza Gamarra, que intentará liderar al equipo desde atrás.
Así, Paraguay intentará confirmar las buenas maneras apuntadas no ya en anteriores mundiales, sino en la misma fase de clasificación. Pese a mostrarse como un equipo irregular, logró algunas victorias de mérito, como la obtenida ante Argentina. En partido disputado en septiembre de 2005, un gol de Roque Santa Cruz derrotaba a la todopoderosa selección charrúa. Por el contrario, también hubo dolorosas derrotas, como el 1-4 que le endosó Perú. Sin embargo, Paraguay ha demostrado crecerse cuando la auténtica competición echa a andar.
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