Como se pueden imaginar, el tercer Mundial estuvo marcado por las hostilidades políticas que ya se dejaban sentir a pocos meses del comienzo de la Segunda Guerra Mundial. Así, invadida Austria, la selección alemana aprovechó para anexionarse hasta cinco jugadores austriacos. A otro, Näusch, le obligaron a divorciarse de su mujer judía e incorporarse al equipo, pero éste se negó y huyó a Suiza con su esposa.
Uno de los momentos más emocionantes de la historia de los Mundiales se produjo cuando, en el Suiza-Alemania, los veintiun mil espectadores que se habían dado cita en el estadio cantaron a una sola voz “La Marsellesa” para responder al saludo nazi de los jugadores germanos. El torneo fue para una selección italiana capitaneada por el histórico Giuseppe Meazza, que se impuso en la final a Hungría por 4-2. Ni que decir tiene que España no participó, puesto que se encontraba en plena Guerra Civil. No volvería a disputarse un Mundial hasta 1950, en Brasil.
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